La sostenibilidad del Empire State Building

En Septiembre de 2011, el edificio emblema de la ciudad de Nueva York, el Empire State Building, se ‘volvía verde‘. Tengo la sensación que cada vez que relacionan el verde con la sostenibilidad un árbol se suicida y mis motivos para pensar eso, para los que no sepan de qué hablo, los dejé escritos en La Verdolatría y el Dios Sostenible. Pero ahora no voy a hablar del color que tiene la sostenibilidad sino de lo que supone que un edificio histórico se haya convertido en un referente en lo que a la eficiencia energética se refiere.

Son buenas noticias, la verdad es que un edificio diseñado y construido en los años treinta y prácticamente sin ningún tipo de pensamiento medioambiental, se convierta en poco más de dos años en ejemplo a seguir sosteniblemente hablando, es toda una declaración de intenciones. La Benidorm norteamericana se ha vuelto a convertir en tendencia o, al menos, espero que sea así. El Empire State se pone a la cabeza de los que quieren reducir su huella de carbono y todavía no lo han hecho, sienta precedente y da las pautas de cómo tiene que ser el futuro de los edificios existentes. Este icono de la arquitectura made in america ha sabido adaptarse a los tiempos siendo el abanderado de este nuevo pensamiento responsable.

El Empire State Building como modelo de ahorro energético

A día de hoy, el ‘punto de referencia ‘verde’ (como dirían algunos) es ahora el primer edificio más alto de EEUU con sello LEED Oro, un sistema de certificación de edificios sostenibles creado en EEUU cada vez más conocido, aceptado, adaptado y adoptado por otros países del mundo, entre ellos España.

Para la adquisición de dicho sello, la empresa Johnson Controls y Jones Lang LaSalle sometió al edificio a un proceso de mejoramiento total en el que se cambiaron desde las ventanas hasta la grifería de los baños, así como los sistemas de refrigeración y calefacción. Asimismo, se adoptaron prácticas amigables con el medio ambiente y se incorporaron programas de reciclaje en la operación. Todas estas mejoras en la calidad ambiental significarán un ahorro de más del 38% de energía, con lo cual se economizarán unos 4,4 millones de dólares y supondrá una amortización de los costes de implantación en aproximadamente tres años. Además se crearon más de 250 puestos de trabajo. Los propietarios de la torre prevén ahorrar 3,2 millones de euros al año en consumo energético. No está nada mal.

En otras palabras, a partir de ahora, previo pago de 25$ (o de un CityPass), no solo podréis ver el hall de entrada y subir en ascensor hasta la cima para contemplar el paisaje neoyorquino, sino que tendréis un speaker, o en su defecto un tríptico, que os irá enumerando una tras otra las bondades de estar en un edificio que no emite CO2 a la atmósfera. Vuestra experiencia una vez dentro será diferente con respecto a cualquier otro rascacielos, es decir, ya no sólo os tendréis que fijar en lo bonitas que son las vistas, en cómo se mueve el edificio cuando el viento sopla, o por que lado subió hasta la cima King Kong, sino en cómo se ha conseguido re-circular el aire que estáis respirando en el interior de uno de los edificios Art Decó más famosos del planeta.

Destacando algunas medidas llevadas a cabo y basándome en lo leído, ya que aún por desgracia no me he geolocalizado en Nueva York para poder experimentarlo en persona, parece ser que la luz del sol que se recibe en el interior del Empire State viene filtrada por unas 6.500 ventanas originales que, tras un proceso de mejora realizado en el mismo edificio, son cuatro veces más eficientes, de esta manera se evita que el calor del interior se esfume en invierno y el aire fresco se marche en verano. Que las moquetas están hechas con materias procedentes del reciclaje. Los baños están equipados con sanitarios de bajo caudal de agua y dotados con rollos de papel reciclado. Se usan productos ecológicos para la limpieza de cualquier tipo de superficie. Los deshechos que se generan son gestionados correctamente para un mejor reciclaje. Incluso las paredes se encuentran pintadas con coberturas bajas en VOC (Volatile Organic Compounds). Además, todas las estancias y pasillos disponen de bombillas y fluorescentes de bajo consumo así como sensores de movimiento para un uso responsable de la electricidad. Y por si fuera poco, la iluminación exterior nocturna de la parte superior del edificio es gracias a tecnología LED.

A parte de lo anterior, resulta que con el nuevo sistema de refrigeración se consigue una reducción del 5% en el consumo general de energía del edificio, de manera que el que trabaje o simplemente esté de paso, sentirá fresco sin que el recibo cueste más de lo previsto al dueño del inmueble ni a sus arrendatarios. Respecto a las unidades de tratamiento de aire de cada planta, éstas se encargan del ciclo de aire fresco dentro y fuera, ventilan y enfrían el edificio utilizando para ello tecnología VAV (Volumen de Aire Variable). Todos estos equipos disponen de sensores que permiten supervisar y controlar con precisión lo que suceda desde una red inalámbrica centralizada.

Esta renovación ambiental en la que se invirtieron $100 millones de dólares, es parte del programa de reconstrucción del Empire State, que busca no solo mejorar las redes de energía en la infraestructura del edificio, sino implementar a nivel general nuevos hábitos sostenibles en su operación.

Empire State

Con la consecución del LEED Gold, el Empire State Building ha enviado el importante mensaje de que los edificios “sostenibilizados” no tienen por qué ser nuevos; incluso los edificios históricos más emblemáticos, tan grandes en tamaño como en renombre, pueden estar entre las edificaciones con mayor rendimiento y eficiencia energética.

Para que el sector de la edificación responda al llamamiento que se hace a la eficiencia energética necesita que todos los involucrados en el proceso (léase arquitectos, arquitectos técnicos, promotores, inversores o instituciones públicas), den ejemplo con hechos y no con habladurías, con marketing verde engañoso, o con promesas que tienen fecha de vencimiento para el día siguiente, es como si se perdieran por el camino que hay entre la teoría y la práctica, como si trabajar en el sector de forma responsable fuera realizar una película de ciencia ficción. Es imprescindible que todos colaboremos para que la rehabilitación y construcción sostenible se convierta en práctica común, algo que a día de hoy no ocurre.

Si edificando o “arreglando” edificios de manera consciente se pueden ahorrar en costes, en tiempo, y eliminar en gran medida el impacto ambiental, ¿por qué no se hace nada al respecto?. No creo, por cierto, que el tema económico tenga algo que ver ya que muchos gobiernos se han dedicado y siguen dedicándose a despilfarrar dinero. Esta nueva re-orientación del sector, además, podría ser una buena manera de compensar la situación actual, principalmente a través de la rehabilitación energética, teniendo en cuenta que en España hay un parque inmobiliario relativamente anticuado (a parte de lo nuevo que se haya podido edificar durante la burbuja inmobiliaria) que gasta mucho en electricidad.

Las nuevas técnicas y materiales ayudan a construir estructuras con mayor eficiencia energética, pero no podemos depender de la construcción nueva únicamente: el 90% de los edificios existentes seguirán en pie dentro de 25 años. Demolerlos y construirlos de nuevo no es ninguna alternativa: se genera mucho desecho y se destruyen además símbolos históricos y arquitectónicos. Los edificios atraviesan ciclos naturales en sus necesidades de adaptación. Podemos capitalizar las oportunidades de inversión en eficiencia energética y reorientar nuestros edificios de forma que desempeñen un papel fundamental en la economía.

No derribar nunca, no restar ni reemplazar, sino añadir, transformar y reutilizar siempre. Ésta es la premisa en la que se debería basar nuestro trabajo y el pensamiento que todos los implicados deberíamos tener para que este cambio de rumbo y de mentalidad sea posible.

Información adicional relacionada

Proceso detallado de la transformación del Empire State Building
[Video] TEDxPresidio – Kevin Surace – Retrofitting the Empire State Building

Foto: Thomas Richter

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Autor: Carlos Matallana

Digital marketer, amateur photographer, experienced footballer and an insistent runner.

1 comentario en “La sostenibilidad del Empire State Building”

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