En busca de la idea escondida

Tener una idea para comenzar a emprender parece algo complicado. Uno revisa escritos de emprendedores destacados con experiencia fracasional y, después de un puñado de lecturas, llegas a la conclusión que las buenas ideas son relativamente difíciles de encontrar, que antes de que alguna se apodere de tu pensamiento la misma idea se instaló ya en el de otra persona, y que da igual lo que te haya costado encontrar esa “gran idea” que puede que tenga todos los números de ser desperdiciada y dignamente enterrada en el cementerio de ideas de emprendedores por culpa de llevar una vida demasiado alocada y suicida.

Piensas después que las ideas están hechas de aire, que cuestan trabajo ecnontrarlas y encima no se sabe de dónde vienen. Son volátiles, efímeras, escurridizas, incluso algunas tienen miedo a la oscuridad. Además, se pueden matar con una burla, un chiste, un bostezo y hasta con una simple levantada de ceja. Se asustan con facilidad y si no estamos pendientes de agarrarlas bien, desaparecen y no las vuelves a ver jamás.

Hay artistas que tienen su musa como emprendedores tienen su momento inspirador, son situaciones que ocurren en contadas ocasiones y cuando se dan es mejor aprovecharlas.

Me pregunto cuál es el entorno más adecuado para que las ocurrencias surjan y que propicia niveles inusuales de innovación y creatividad. ¿Donde se reúnen y debaten las ideas?. ¿Cuál es el mejor ambiente donde las ideas tienen relaciones sexuales?. ¿De qué manera hacen mejor networking nuestras neuronas?. Dicen que durante la historia, las cafeterías siempre han sido lugares inspiradores pero, a mi modo de ver, no todas las cafeterías provocan que se te encienda la bombilla, en todas no puedes mimetizarte con el entorno, éste a veces cargado de mal rollo por la crisis y de una infinidad de olores corporales, para sacar conclusiones de algo. También dicen que esas ideas no solo pueden aparecer en un bar sino que se pueden mostrar al hacer collages con recortes de imágenes de toda clase ayuda a despertar neuronas dormidas. Formar grupos de personas cercanas a ti para provocar una lluvia de ideas también es otra manera de hacer que las intuiciones se conviertan en potenciales negocios. Incluso recomiendan resetear nuestro disco duro cerebral para vaciarlo de viejas ideas y atender después nuestras curiosidades para generar ideas nuevas. Sin embargo, y desgraciadamente, parece que mi mente sigue esperando a que los planetas se alineen a mi favor y que Capricornio sea el signo destacado del mes.

Lees y te das cuenta que existen algunos que se encuentran cegados en la búsqueda de la idea sublime, de esos que creen que hay una especie de máquina generadora de ideas que al meterle de forma escrita su vocación por una de sus rejillas, ella les escupirá de la misma manera 10 ideas de negocio rompedoras, únicas y listas para emprenderse. Nada más lejos de la realidad.

No creo que alguien o ninguna máquina tenga la fórmula secreta para descubrir grandes ideas. Pienso que para llegar a encontrarte con alguna, uno tiene que activarse en modo Sherlock Holmes y empezar a mirar de otra manera el entorno, estar atentos a lo que sucede, para así intentar decodificarlo y después llegar a alguna conclusión esclarecedora. Está claro que mantener una actitud observadora y creativa permite acercarse a dicha fórmula. Y es que tener un “momento bombilla encendida” es una sensación que a muchos nos gustaría tener alguna vez, algo parecido a lo que experimentó Newton con su teoría de la gravedad -nunca antes había dado tanto de sí la caída de una manzana-.

Tengo la sensación que para llegar a tener una idea, un golpe de suerte, una revelación, y hasta un momento eureka, tenga que pasar mucho tiempo a pesar de que uno se exponga a todo tipo de ambientes caóticos y experiencias religiosas para lograr captar una simple idea que sirva.

Quizá el negocio esté en crear un mecanismo en forma de app para cultivar corazonadas que permita a esas corazonadas conectarse con las corazonadas de otros. Alguien tiene la mitad de la idea y otro tiene la otra mitad. La suma de las partes puede crear una parte entera muy interesante. El algoritmo de la misma aplicación se encargaría de mezclar las corazonadas para después de un proceso de cálculo, mostrarte la viabilidad de la idea con datos y gráficos y un borrador del plan de empresa correspondiente. Estoy seguro que esta seria una buena herramienta que contribuiría desde el principio con la causa emprendedora.

Llevo algo de tiempo dándole vueltas a todo. Puede que en mi cerebro se esté gestando algo grande, ya que algunas ideas, según comentan los “expertos” (léase experimentados), aparecen inesperadamente tras años de incubación mental, lo que vendría a llamarse “una corazonada lenta”. O eso o puede que mañana experimente una chispa rápida de claridad absoluta que haga mi futuro ahora mismo mucho más prometedor.

En estos momentos desconozco si ando incubando algo diferente a una gripe, pero hace mucho tiempo que tengo el extraño presentimiento de que existe un problema interesante que necesita solución pero no tengo aún las herramientas para descubrirlo. Uno anda buscando ese momento eureka clásico y lo que encuentra es ese instante de desánimo común.

Como que al final lo mejor y más lógico será hacer brainstorming con todos nuestros vecinos, amigos, desconocidos, y comunicarnos con el espíritu que reside en cada cafetería, a pesar de los olores, para conseguir por fin idear el negocio del siglo.

Buscando inspiración me nutro también de charlas donde explican emprendedores destacados del momento que, en ocasiones, la idea inicial es tan solo la excusa perfecta para arrancar un proyecto, por lo que no es tan importante. También dicen que hay ideas que sirven para desechar otras y así llegar a encontrar una mejor. Hablan además de que es la ejecución de la idea lo que más importa a la hora de empezar a emprender. Que emprender es una actitud y no una profesión. Pero en cualquier caso, y todos coinciden en eso, que si no hay iniciativa y pasión para llevar a cabo la idea, da igual como de buena sea ésta, y que no hay que preocuparse tanto por las grandes ideas sino, como decía antes, centrarse en realizar las mejores ejecuciones.

Personalmente pienso, sin tener experiencia en el emprendizaje pero aplicando lo que el sentido común me indica, que para que la idea valga la pena, la manera de hacerla realidad no es lo único que cuenta, es decir, comparto la opinión de que la ejecución es muy importante, más que la idea, pero la idea en sí misma no creo que se tenga que infravalorar. La idea de negocio es, a la hora de emprender, el punto de partida, la base sobre la que se construirá todo el proyecto empresarial. El motivo por el que empezará todo a funcionar. La idea de negocio conformará el cimiento de la nueva organización y, por ese motivo, debe ser una iniciativa sólida, meditada y correctamente analizada de antemano, por lo que entiendo que tiene su importancia dentro del proceso emprendedor. Pero está claro que la gran idea no te da garantías de que funcione bien si detrás no hay un buen equipo y una buena ejecución. Hay que tener en cuenta también que el emprendedor arriesga todo o casi todo por una idea en lugar de hacerlo por un trabajo “estable” por cuenta ajena, así que creo que la idea tiene que tener su hueco dentro de la lista de cosas importantes para emprender.

Sacando conclusiones de todo lo leído, visto y escuchado, parece que para tener una buena corazonada utilizar la lógica es kriptonita para la creatividad, que es mejor confiar en nuestros instintos porque si no nos abandonarán y se irán lejos a un universo paralelo al que no podremos acceder ni a través de los sueños, que mejor perseguir nuestras pasiones para que no muramos nada más empezar a emprender, y que para generar neuronas nuevas y saber lo que no sabemos tenemos la obligación de hacer lo que no solemos hacer.

Lo cierto es que uno va observando las necesidades de la gente, rebuscando entre las oportunidades que puede ofrecer el mercado, mirando entre los restos de lo que fueron algunas ideas de emprendedores caídos para conocer por qué fracasaron, e incluso analizando las tendencias que empresas o la misma tecnología generan, pero desgraciadamente he de confesar que aún no me ha golpeado la manzana de Newton.

Quisiera comentar también, y esto sí que lo digo con conocimiento de causa, que estar en busca de la idea escondida de manera desesperada puede ser contraproducente para ese sosiego y claridad mental que se necesita para comenzar a idear algo, pero sobretodo, para evitar alargar en el tiempo esta iniciativa emprendedora que desde hace algún tiempo ya está conviviendo perfectamente con mi nueva filosofía de vida. Y es que en realidad, en el fondo, y por lo que he podido observar, uno debería estar más tranquilo porque a buen emprendedor pocas ideas le bastan.

Desconozco si existe una ciudad de las ideas para poder ir a visitarla en estos días. O si se ha escrito ya una fórmula como la de la teoría de la gravedad que resolviéndola dé como resultado descubrimientos brillantes. O si ya se ha encuadernado la biblia del emprendedor donde uno pueda leer los diez mandamientos para crear ideas de negocio. Pero de lo que estoy seguro es que la mejor ocurrencia que creo que uno puede tener es que tus propias inquietudes te lleven donde tengan que llevarte, para después poder experimentar revelaciones interesantes. Creo que iré por ahí, a ver qué me encuentro.

Foto vía Taringa.net

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Autor: Carlos Matallana

Digital marketer, amateur photographer, experienced footballer and an insistent runner.

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