Convencionalismos

“El progreso depende de seres que son innovadores, que rechazan los convencionalismos y modelan sus propios mundos.” Wayne W. Dyer

Cuando uno se hizo padre, hace pocos años por cierto, nunca creí que llegaría a pensar que el simple hecho de que el azul fuera el color de los niños y el rosa el de las niñas me fuera a molestar tanto. Esto siempre lo he vivido y lo recuerdo de toda la vida, pero cuando te encuentras dentro de ese mundo menudo y tu pensamiento no cuadra con relacionar el sexo de los niños con colores, acabas por renunciar a lo establecido durante años por la sociedad y promoviendo esta actitud entre otros padres afines.

Si por casualidad decides ampliar la manada, que sepas que no tienes porque entrar en una dimensión de colores rosa y azul, en una fantasía donde siempre llueve purpurina, se convive con unicornios de pelo de arcoiris, todo huele a Nenuco e incluso el aire sabe a fresa caramelizada. No es necesario dejarse llevar por esta corriente de cursilería y darte cuenta de que puedes hacer otras cosas con tus hijos sin sentirte Papi Pig o Mamá la Exploradora. Hay otra forma de educar y entretener a nuestros hijos sin tener que pasar por Clan o Disney Channel. Saber que no existe un único camino por el que ir y que hay vida familiar fuera de los convencionalismos, fuera de la ruta habitual. Hay que adaptarse a la realidad y cambiar de miras, darnos cuenta que los niños ya no se conforman con ñoñerías, que a ellos también les gusta el Rock ‘n’ Roll.

¿Quién dijo que a los niños, desde temprana edad, no se les pudiera introducir al cine alternativo con una sesión de cortos animados? ¿Hay alguna ley por la que no se les pueda poner películas inglesas en su versión original? ¿Existe una normativa europea por la que no se puedan comercializar dentro de la Unión prendas de ropa para niños si no son de color azul marinero, y vestimenta para niñas si no tiene un Pantone parecido al rosa chicle? ¿Acaso incumple con la Declaración Universal de Derechos Humanos que a un niño no se le exponga a ninguna religión? ¿Está penado con la exclusión social que los niños sepan cantar canciones enteras o tararear estribillos de Fito y Fitipaldis, The Black Keys, Daft Punk, Coldplay, Arctic Monkeys, o de Jamie Cullum si me apuras, en lugar de las de Miliki y los Cantajuegos?. La naturalidad y, sobretodo, el sentido común con el que se debería educar a los hijos, tendría que ser lo habitual, pero hacerlo sin contar con él es algo que por desgracia continúa sucediendo.

Afortunadamente veo que esa normalidad educacional, como yo lo llamaría, se está dando más, pero aún parece que le está costando aparecer definitivamente para reivindicarse como la mejor manera de dejar al mundo mejores homínidos. El problema es que el sentido común es como la Sostenibilidad, mucha gente sabe que existe pero no saben cómo utilizarla para que toda la humanidad se beneficie.

Abogo por la independencia y libertad de pensamiento de la gente en general y de los niños en particular. Te llegarán a la altura de las rodillas o del ombligo, pero también saben tomar decisiones por ellos mismos. Simplemente hay que escucharlos, respetarlos, y hacerles caso. La misión del padre, hablando siempre desde mi experiencia y mi forma de ver las cosas, es enseñarles caminos por los que ir pero sin decirles cuál de ellos tomar ni dejarle que utilicen siquiera El Mapa de Dora, es decir, si un camino no lo quiere pues que tome otro. La educación por imposición no sirve de nada. Si quieres adultos independientes, libres y seguros de si mismos, no la fastidies haciéndoles los deberes, masticándoles la comida, o obligándoles a vestirse de marino mercante católico cuando son niños. Dejémosles pensar tranquilos, que trabajen solos, permitamos que nos hablen, escuchémosles cuando nos expliquen, creámosles cuando nos cuenten historias, porque si un día te dicen que los besos en las heridas y las tiritas con dibujos de animales lo curan todo, puede que tengan razón.

Por otro lado, para independencia de pensamiento, pero erróneo en este caso, tenemos los que hacen esos informes en los que se dice que la mejor manera de curar la hiperactividad de los pequeños es medicándola. Y los que comentan que la mejor manera de educar es haciéndolo a través de una fe milenaria inventada que utiliza los textos de una Biblia multiversionada, crucifijos de madera y las imágenes de un modelo hippie con ojos azules, como herramientas de adoctrinamiento masivo. O los que insisten en enseñar utilizando el catalán como única lengua vehicular cuando pueden convivir amigablemente tres. Con esto solo, creo que tengo aval suficiente para decir que el sentido común tiene que reproducirse tan rápido como lo hace el mal rollo y compartirse de manera urgente como si de la cura contra la casta política se tratara, para que ni nuestros hijos ni nosotros lo paguemos caro ahora y más adelante.

La televisión tampoco se escapa de la irracionalidad humana. Ni con ella encendida durante lo que dura una intro de Bola de Dragón, los niños están a salvo ya. Después de observar el panorama infantil televisivo, uno se pregunta dónde está Hanna Barbera cuando se le necesita, por lo que uno acaba desconectándola hasta de la antena de la comunidad y tirando de Youtube en busca de otras maneras de entretener con conocimiento la mente, como diría Punset, de estos diminutos organismos multicelulares, ávidos de saber con diversión, no de aprender a base de Manga a la japonesa.

Pero aparte de la irracionalidad que maneja como un títere al ser humano, tenemos otra actitud que creo deberíamos extirpar de lo más profundo de nuestro ser, y es la de tratar al niño como un idiota seleccionando contenidos anodinos y simples o hablándole como si no entendiese nada. Son niños, no estúpidos.

No creo que sea de estúpidos pensar que se puede ir a contracorriente. Se puede ir por el bosque en lugar de caminar por el camino despejado. No hay por qué ceñirse de manera obligatoria a ese pensamiento viejuno y tradicional. A día de hoy no es necesario ir a ver a Mickey Mouse cómo hace tirabuzones sobre una pista de hielo, a no ser que te lo pida claro está, de eso se trata, sino que se les puede mostrar otras vías de ocio disponibles en la vida. Existen alternativas interesantes y gratuitas como las actividades culturales y de diversión para niños que puede ofrecer tu Ayuntamiento más cercano; o festivales de rock donde padres e hijos pueden saltar al ritmo que marca el batería; o galerías de arte contemporáneo donde poder apreciar los “superpoderes” creativos que tienen los artistas; o portales de internet en donde podrás encontrar planes diferentes para pasar el fin de semana con tu descendencia que no sea estar metido en el parque de los columpios oxidados.

La educación de los niños es una carrera pedagógica aparentemente larga y compleja que pienso hay que gestionar de manera responsable y acorde a nuestros tiempos, buscando en ellos la independencia personal y el pensamiento crítico para afrontar un futuro que se avecina algo tormentoso y cambiante. Relacionar cromáticamente el sexo de las personas aún sigue siendo mainstream y eso es un síntoma de que aún hay que aspectos que cambiar y mejorar en esta sociedad, la española al menos, tan atada a las ideas y costumbres del pasado.

Y es que vivimos en una sociedad incoherente, con doble moral, en donde unos hacen lo que dicen que no suelen hacer, y donde otros van por ahí a lo Groucho Marx, con puro, frac, gafas metálicas, bigote de betún, andares de pato jorobado y mucha verborrea diciendo: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”. Es como lo que sucede con la educación en España, se envidia la que hay afuera por ser innovadora, eficaz y útil, pero se ningunea y se desarregla la que tenemos aquí. O dicho de otra manera, existen padres que te apoyan y animan a seguir vistiendo a tu hija en tonos que no tienen ningún parentesco hormonal, y luego resulta que ellos continúan cubriendo con los mismos ropajes a sus dos hijos gemelos, pero el niño de azul y la niña de rosa.

Imagen vía ING Direct

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