Convencionalismos

“El progreso depende de seres que son innovadores, que rechazan los convencionalismos y modelan sus propios mundos.” Wayne W. Dyer

Cuando uno se hizo padre, hace pocos años por cierto, nunca creí que llegaría a pensar que el simple hecho de que el azul fuera el color de los niños y el rosa el de las niñas me fuera a molestar tanto. Esto siempre lo he vivido y lo recuerdo de toda la vida, pero cuando te encuentras dentro de ese mundo menudo y tu pensamiento no cuadra con relacionar el sexo de los niños con colores, acabas por renunciar a lo establecido durante años por la sociedad y promoviendo esta actitud entre otros padres afines.

Si por casualidad decides ampliar la manada, que sepas que no tienes porque entrar en una dimensión de colores rosa y azul, en una fantasía donde siempre llueve purpurina, se convive con unicornios de pelo de arcoiris, todo huele a Nenuco e incluso el aire sabe a fresa caramelizada. No es necesario dejarse llevar por esta corriente de cursilería y darte cuenta de que puedes hacer otras cosas con tus hijos sin sentirte Papi Pig o Mamá la Exploradora. Hay otra forma de educar y entretener a nuestros hijos sin tener que pasar por Clan o Disney Channel. Saber que no existe un único camino por el que ir y que hay vida familiar fuera de los convencionalismos, fuera de la ruta habitual. Hay que adaptarse a la realidad y cambiar de miras, darnos cuenta que los niños ya no se conforman con ñoñerías, que a ellos también les gusta el Rock ‘n’ Roll.

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El país de los escuálidos

España, el país donde estoy parasitado, está cada vez más en los huesos, y es que el estrés que le provocan sus políticos, los bancos, el déficit, el paro y la prima de riesgo está haciendo estragos en su salud. A decir verdad, todos los que lo habitamos estamos, de la misma manera y por los mismos motivos, más raquíticos y chupados que hace unos años y más desorientados que toda nuestra clase política junta. Hasta el mismísimo toro de Osborne está perdiendo su virilidad y su caché como semental.

La verdad es que la de ahora, afortunadamente, es la situación más difícil que yo he percibido en los 34 años de mi existencia. La sensación de incertidumbre es superlativa y en todos los sentidos. Diría que uno de los aspectos que ha generado tanta controversia y malestar entre la sociedad desde que comenzó la crisis, es que existen dos tipos de problemas, uno es el problema real, lo que verdaderamente está pasando, y otro el problema que percibimos, y éste último es el que más nerviosismo y desconfianza genera. El clima de pesimismo que existe actualmente está minando el optimismo que hemos tenido siempre.

Yo no alcanzaba estos niveles de preocupación actual desde que el Coyote acabó atrapando supuestamente al Correcaminos. Ni los niveles por los que camina la prima de riesgo se acercan a mis sensaciones de ahora. Hasta he dejado de comer, bueno, al menos hasta la hora de la cena.